Hay ciudades que nos dan la bienvenida con una valla a pie de carretera, o incluso con un arco de obra y letras de escayola. Las Palmas de Gran Canaria lo hace con un dios marino.

Quienes llegamos desde el sur, dejando atrás el aeropuerto y siguiendo la costa, acabamos encontrándonos con una figura inesperada sobre las rocas de la playa de La Laja. Una figura gigantesca parece surgir frente al Atlántico, sosteniendo una caracola junto a su boca.

Es Exordio, el Tritón.

Viajo a menudo a Las Palmas, y, esta vez he decidido que voy a descubrir la ciudad dejándome guiar por sus esculturas.

Hay muchas realmente, y algunas pasan casi inadvertidas. Otras forman parte del paisaje hasta tal punto que no indagamos o nos preguntamos ni tan siquiera qué significan. Pero hay unas pocas que consiguen algo diferente: nos obligan a mirar.

Durante mis paseos por Las Palmas encontré tres que, por razones muy distintas, me parecieron capaces de contar la ciudad. Tres esculturas. Tres paisajes. El mar, la memoria y el volcán.

Exordio, el Tritón: el guardián del mar

Lo primero que sorprende de él es su escala. Ya desde la carretera se distingue perfectamente su silueta recortada contra el océano: un enorme Tritón que parece haber emergido del Atlántico para anunciar la ciudad.

La obra, del escultor Manolo González, se encuentra en el mirador sobre la playa de La Laja desde 2011 y recibe a quienes acceden a Las Palmas de Gran Canaria desde el sur.

Detrás de esta figura marina está la poesía, y no es casual: Manolo González encontró parte de su inspiración en Las Rosas de Hércules, de Tomás Morales, el poeta que convirtió el Atlántico en uno de los grandes paisajes literarios de Canarias.

Su nombre tampoco parece casual. “Exordio” es el comienzo de un discurso, una introducción a aquello que está a punto de suceder. Y eso es exactamente lo que hace el Tritón. No está simplemente colocado a la entrada de Las Palmas sin más: nos la anuncia, nos avisa con su caracola de que estamos entrando en la ciudad.

La figura del tritón representa la sintonía y unión especial que hay entre la ciudad de Las Palmas y el mar, cuya historia no puede entenderse sin él

Porque Las Palmas siempre ha mirado hacia fuera.

Hacia los barcos.

Hacia América.

Hacia África.

Hacia ese Atlántico que durante siglos ha traído viajeros, comerciantes, historias y culturas diferentes hasta sus costas.

El Tritón parece custodiar todo eso. Por eso me gusta imaginarlo un guardián, el primero de los tres guardianes de la ciudad: El guardián del mar.

Atis Tirma: la memoria de la tierra

La segunda escultura es completamente distinta.

Esta no domina el horizonte. Capta nuestra atención desde lejos, pero hay que acercarse a ella para descubrir una escena inquietante. No son acróbatas como suponía, ni niños jugando, no.

Sobre una gran estructura de roca y vegetación aparecen cuerpos humanos en posiciones imposibles: uno parece precipitarse cabeza abajo; otro permanece suspendido junto a una especie de pértiga; otras figuras emergen alrededor de la piedra.

Es Atis Tirma, obra del escultor canario Manuel Bethencourt, situada junto al parque Doramas, frente al bellísimo Hotel Santa Catalina.

La guía oficial de Las Palmas explica que “el monumento recuerda un episodio del final de la conquista de las islas”. Las figuras representan a antiguos habitantes indígenas de Gran Canaria precipitándose desde un risco, según la tradición, antes que rendirse a los conquistadores castellanos.

«¡Atis Tirma!»: «¡Por ti, Tierra!»

La obra alude al episodio final de la conquista de Gran Canaria, en 1483, y especialmente a la tradición asociada a Bentejuí y otros canarios que resistieron en la fortaleza de Ansite. Según el relato tradicional, algunos prefirieron lanzarse al vacío al grito de «¡Atis Tirma!», expresión que suele interpretarse como «¡Por ti, Tierra!» antes de ser capturados. Atis Tirma también se entiende como una invocación a la tierra sagrada.

Aún sin haber buscado el episodio al que está haciendo referencia, la escultura transmite drama, lucha, resistencia, tierra, caída. Representa la identidad indígena de Gran Canaria. La resistencia, el sacrificio y la negativa a someterse, convertidos en una especie de monumento épico.

Frente a la serenidad monumental del Tritón mirando al océano, aquí todo es movimiento. Es como si los cuerpos estuviesen paralizados apenas un segundo ante de precipitarse al vacío.  Sobrecoge. No existe una única imagen. Cada figura cuenta algo diferente. Cada giro alrededor del monumento revela otra escena.

Atis Tirma nos lleva hacia una parte mucho más ancestral de Gran Canaria: el mundo indígena anterior a la conquista castellana y la memoria de quienes habitaban la isla antes de que comenzara la ciudad que hoy conocemos. Atis Tirma te habla de la memoria en el corazón de la ciudad. Por eso Atis Tirma sería para mí el segundo guardián: El guardián de la memoria.

El Atlante: donde la ciudad vuelve a convertirse en volcán

Y después está el norte.

Allí donde Las Palmas empieza a terminar y el paisaje vuelve a abrirse hacia el océano, aparece una figura completamente diferente a las dos anteriores, también con una fuerza brutal.

El Atlante, obra del escultor gran canario Tony Gallardo, fue realizado en 1986 y se levanta en la zona de El Rincón, sobre un acantilado en el límite norte de la ciudad.

Está construido con la lava procedente de los volcanes de La Isleta.

Según la información oficial sobre el monumento, Tony Gallardo se inspiró en el mito de la desaparición de la Atlántida entre el magma y el mar. La figura, de unos ocho metros y medio de altura, levanta sus brazos hacia el cielo frente al Atlántico.

Aquí ya no encontramos el bronce reconocible de una figura humana. El Atlante parece otra cosa. Piedra. Lava. Oscuro, pétreo, casi primitivo, fusionado con el paisaje volcánico y abierto al océano.

Como si no hubiera sido colocado allí, sino que hubiera surgido él mismo del propio terreno volcánico y permaneciese petrificado. Desde luego, no podría haber un material más apropiado para su creación.

Creo que ahí radica su fuerza. Después de atravesar la ciudad, con sus edificios, avenidas, jardines y barrios, el Atlante nos recuerda de pronto qué hay debajo de todo ello: fuego. Gran Canaria es una isla nacida del fuego.

Desde ese punto, además, la mirada vuelve inevitablemente hacia el océano.

Magma y mar.

Los dos elementos que dieron forma a las Canarias parecen encontrarse allí.

Por eso lo imagino como el último de los tres guardianes. El guardián del volcán.

Tres esculturas para contar una ciudad

Repito que existen esculturas más famosas. ¿Quiénes pueden ser más famosos que los perros apostados delante de la fachada de la catedral de Santa Ana aludiendo al propio topónimo de las islas o a la escultura de Lady Harimaguada recientemente restaurada o su famosa espiral de viento en uno de los extremos de la calle Triana o el azulado y fotografiado Greeting Man?

Puede que incluso haya otras con mayor importancia dentro de la historia del arte canario. Quizás hablemos de ellas en otra ocasión.

Pero si tuviera que elegir solo tres para contar Las Palmas de Gran Canaria a través de imágenes, probablemente serían estas. Porque juntas forman una especie de recorrido invisible.

Por el sur, el Tritón nos recibe desde el mar.

En el corazón de la ciudad, Atis Tirma nos obliga a mirar hacia la memoria de la tierra.

Y en el norte, el Atlante devuelve el paisaje a su origen volcánico antes de entregarlo nuevamente al océano.

Tres esculturas que parecen ocupar lugares distintos de la ciudad y que, sin embargo, terminan contando una misma historia. La historia de una isla que nació del fuego, que conserva una memoria mucho más antigua que sus calles y que ha vivido siempre mirando hacia el Atlántico. Y quizá sea eso lo que más me gusta de ellas.

Que ninguna parece limitarse a decorar Las Palmas. Parecen contar, cada una a su manera, de qué está hecha la ciudad.

 

“Fuentes y referencias”

– Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria / LPA Visit. Mirador y escultura Exordio, el Tritón. Información oficial sobre la obra de Manolo González, su ubicación en La Laja y su inspiración en Las Rosas de Hércules, de Tomás Morales.

– Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria / LPA Visit. Monumento Atis Tirma. Ficha oficial de la obra de Manuel Bethencourt Santana y de su significado vinculado a la tradición de Bentejuí, Tasarte y la Fortaleza de Ansite.

– Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria / LPA Visit. Monumento y mirador El Atlante. Información sobre la obra de Tony Gallardo, realizada en 1986 con lava de La Isleta y vinculada simbólicamente al mito de la Atlántida, el magma y el mar.

– Las Palmas de Gran Canaria. Dosier profesional de turismo 2025. Apartado dedicado al patrimonio escultórico de la ciudad, donde se recogen El Atlante, Exordio, el Tritón y Atis Tirma entre sus obras urbanas más representativas.

– LPA Visit. Esculturas. Ciudad de culturas. Selección oficial del patrimonio escultórico urbano de Las Palmas de Gran Canaria.